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Carta abierta a Panos Panay: Hay salvación para Windows Phone?

Con una caída en ventas de un (atención) 73% año a año, la situación sólo puede etiquetarse como de catastrófica.

(Actualización 3 de Mayo – Intel ha cancelado – por lo que parece – la gama Atom de procesadores. Ver más al final del artículo).

Acaban de publicarse los resultados financieros de Microsoft para el último trimestre del año, y mientras todas las secciones muestran una salud envidiable – para los tiempos que corren – hay un apartado con una tremenda mancha en rojo: la división de móviles. En cambio, la salud de Office parece inquebrantable (con más de 22 millones de usuarios), Azure está (valga la redundancia) por las nubes y hasta los resultados en publicidad se incrementaron en un 18% considerando la competencia en el segmento.

En cambio, en los últimos tres meses sólo se han vendido poco más de 2 millones de unidades (2,3 para se más exactos) de móviles Lumia. Dos millones. En comparación, Samsung vendió 81 millones de teléfonos en el primer cuarto del 2016.

Recuerdo hace cuatro años cuando vi la primera presentación de la gama Surface: en la mayoría de los casos denostado por la prensa y usado para hacer burlas a Microsoft, nadie entendió el concepto. El problema original de la gama Surface es que era, sistemáticamente, comparado con o bien las tabletas de por entonces (léase: el iPad) o con portátiles – y no era ni una cosa ni la otra.

Presentación de Surface

Recuerdo a Panos Panay en aquella presentación junto a Steven Sinofski y debo decir que no me caíste en gracia, quizá porque no entendía que estabas hablando de un proyecto que sentías como personal y no como yo, que lo veía como un “producto más” de la casa. Y es que esa ha sido la sensación que, desde entonces, he tenido con cada presentación de Panos durante todos estos años, una maravillosa sensación de que no hablas de un “producto” (por mucho que insistas en llamarlo así en cada presentación) sino en un hito personal. Me gusta eso.

Hoy, cuatro años más tarde, la gama Surface (y Surface Pro y Surface Book) no solo se han convertido en un departamento que da beneficios a Microsoft sino que ha creado una nueva gama de producto, un nuevo segmento en el mercado que hasta ahora no existía: los “convertibles” o “2 en 1”. De ser ignorado, denostado, usado para hacer burlas, ha pasado a ser copiado por los mayores fabricantes. El “summum” ha sido el iPad Pro.

Yo nunca creí que Surface estuviese orientado a convertirse en un segmento de negocio pensado para dar un beneficio económico directo a Microsoft, sino más bien como un revulsivo para el resto de la industria – los OEMs – que llevaban años, décadas, haciendo sistemáticamente lo mismo: portátiles aburridos, negros, todos iguales, de plástico, con mínimas diferencias entre unos y otros, porque se consideraban como “consumibles”, simples herramientas como si de un martillo se tratase: lo compras, lo usas, lo guardas en la caja, y cuando se rompe o se oxida te compras otro y ya está. En cambio la competencia (Apple) construye máquinas que, no solo hacen impecablemente su trabajo – sea el que sea, desde consumir medios en el iPad a crearlos en los Macbooks o Macbook Pro – sino que además hacen a sus propietarios disfrutar de una calidad de manufactura inmejorable y poseedores de un accesorio de diseño, digno de lucir, como si de un bolso de Prada o un reloj Omega se tratase. Un ordenador portátil jamás fue visto como algo digno de lucirse. Era el momento de cambiar eso y pensé que la gama Surface era ese recordatorio para Toshiba, Samsung, Acer: “dejad de hacer lo mismo, la gente espera más”. Apple lo entendió el primer día. Gracias Steve. Ahora te doy las gracias a ti, Panos.

Pero volvamos a nuestro asunto: mientras Surface se convierte en un segmento por sí mismo, la división de telefonía de Microsoft hace agua hasta el cuello. La gama Lumia se compone, precisamente, de los mismos elementos que han sido los portátiles hasta ahora: aparatos aburridos, negros, sin personalidad, cajas negras de plástico sin el menor rasgo distintivo. Son, de todo, menos dignos de admiración. Y para colmo, por dentro, donde podría estar el rasgo diferenciador, tampoco hay nada digno de mención.

Para colmo de males, Microsoft parece no creer tampoco en que puedan diseñar un teléfono digno de convertirse en algo especial. Posiblemente las nuevas directrices de la compañía (apertura a todas las plataformas) han conseguido que utilizar Windows Phone no sea mejor en ningún aspecto: Office se encuentra disponible tanto para iOS como para Android, Cortana es multiplataforma, el concepto “Metro” ha sido totalmente abandonado en favor del ubicuo “menú hamburguesa” y otro largo etcétera de características ya no son coto cerrado o distintivas de Windows en su variante móvil. Volcados en “un sólo Windows”, parece que Windows Phone es el hijo bastardo, el que no se acopla en ninguna categoría, el que no tiene cabida en la familia. Una única característica los mantiene con vida, Continuum, o la posibilidad de utilizar un teléfono como si de un ordenador personal se tratase. Aunque teniendo en cuenta que sólo la gama más alta (el nuevo 650 no soporta Continuum) puede aprovecharlo, es como si no existiese – para la mayoría.

El verano pasado te pusieron al frente de la división de teléfonos de Microsoft. Entiendo que no has tenido tiempo de mucho, particularmente en plena fase final del desarrollo del Surface Book (y del Surface Pro 4). Y se notó en la presentación que diste de la gama 950 y 950XL de los hoy casi difuntos Lumia: no sentí esa pasión personal en el producto, aunque creo que hiciste un buen trabajo dándolos a conocer a la prensa. No son hijos tuyos, ya estaban hechos y te tocó la parte final del proceso: presentarlos.

Hoy por hoy no hay planes públicos para una nueva gama de dispositivos. Hoy por hoy sigo usando mi anciano Lumia 920 cada día con la última versión de Windows 10 que recibirá – porque también habéis abandonado el desarrollo del sistema operativo para los que, en su día, fueron los “buques insignia” de la gama. Sigo usando Windows Phone porque es realmente la plataforma que se adapta a mí, y no al revés. No soy usuario de “miles de apps”, porque siempre me ha gustado la capacidad de integración de la información de Windows, los “live tiles”. Programo en todas las plataformas, las conozco por dentro y por fuera, veo cómo avanzan con nuevas posibilidades excepto, precisamente, la que más me gusta. Mientras, el resto de la industria está haciendo suyos conceptos originales de Surface y Windows 8 (los “2 en 1”, aplicaciones lado a lado en iOS o, rizando el rizo, el concepto de “ventanas” en Android N).

Lo más probable es que haya directrices para “matar” la gama Lumia. Algún que otro OEM puede fabricar móviles con Windows 10 (HP tiene un teléfono – el Elite X3 – con todas las papeletas para convertirse en todo un referente), pero los fans de la plataforma queremos algo más, algo distintivo, algo digno de lucirse. Queremos un sistema operativo digno de usarse, digno de ser soportado y no de un hijo bastardo que hay que tener porque algo hay que tener.

Las filtraciones indican que no veremos nada hasta el año que viene – cuando puede (sólo puede) que ya sea tarde. Seguro que tienes una agenda preparada, más que probablemente estés jugando con prototipos locos de lo que podría ser un “Surface Phone”. Quizá escojas un procesador Intel en lugar de ARM y quizá, sólo quizá, oigamos algo como “el teléfono que puede reemplazar tu portátil”. El Surface Phone. Mientras tanto, le daré cariño a mi 920 y lo seguiré usando hasta que probablemente diga “basta”. Entonces tendré que decidir que, quizá, Windows Phone ya no existe y simplemente tenga que usar otra herramienta.

Actualización: Las noticias de este fin de semana parecen anunciar el final de la gama Atom de Intel, por lo menos en el segmento más móvil – las gamas Atom de procesadores. Es probable que Intel permanezca, pero por el momento centrándose en gamas medias-bajas de convertibles 2-en-1 con Pentium y Celeron. Fuente: PC-World

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Dónde estamos?-edición de primavera 2012

Creo sinceramente que la tecnología móvil actual es la de mayor evolución. Si nos fijamos, nuestros ordenadores de escritorio poco han cambiado desde los últimos diez años, salvo por la cantidad de memoria y la velocidad del procesador – básicamente, siguen siendo iguales. En cambio, nuestros móviles han cambiado en forma, manejo y sus capacidades se han incrementado de forma exponencial.

Hace cinco o seis años, un móvil “normal” era eso: un “teléfono”. Nos conformábamos con un teclado numérico con el que aprendimos a hacer virguerías para escribir un mensaje. Pero si hoy mismo os ofrecen un teléfono “flip-phone” tipo Motorola Razr, posiblemente miraríais a vuestro interlocutor con una expresión un tanto “rara”. Y estamos hablando de hace apenas cinco años! En cambio: cuantos de vosotros no tenéis en casa, o en el trabajo, algún ordenador de esa edad?

El Razr, o el fantástico Nokia N95 eran el epítome del diseño hace muy, muy pocos años. Era el teléfono que todos deseábamos. Hoy por hoy, acostumbrados a las pantallas táctiles, nos costaría hacer con ellos las más básicas de las funciones.

Sólo hay un fabricante que puede comparar lado a lado sus ofertas de hoy y de hace unos años: Blackberry. La verdad es que, salvo por la velocidad del procesador y cantidad de memoria, poco han evolucionado. Y eso les está pasando factura.

Hubo una época en que instalar la infraestructura necesaria a nivel empresarial para permitir el acceso a la información desde un dispositivo móvil era simplemente prohibitivo para la mayoría. Cuando apareció RIM y ofreció todo eso de forma fácil y simple, apareció un nuevo mercado totalmente inexplorado hasta entonces. RIM (con sus Blackberry) se convirtieron en el sinónimo de comunicaciones empresariales. Nadie pudo disputarles el trono. Hasta ahora.

El “invento” se llama Exchange ActiveSync y es el protocolo de sincronización inalámbrica que se está convirtiendo en el estándar de facto de la industria. Todos los fabricantes de plataformas móviles lo soportan de forma nativa, menos uno: RIM. Obviamente quieren mantener cautivos a sus usuarios con sus BES (“Blackberry Enterprise Server”) lo cual es de lo más lógico. Sólo hay un problema: que los usuarios ya se han dado cuenta de que pueden hacer lo mismo con otras plataformas. Y se están marchando.

La otra característica “única” a Blackberry, y que ha vendido muchos millones de unidades, no es un producto RIM. Se llama Whatsapp. Por primera vez estamos viendo Blackberrys (o Blackberries) en las manos de usuarios que nada tienen que ver con el “target” propio de RIM, que es el usuario corporativo. No, los chavales han descubierto una nueva forma de comunicarse y la están usando a manta. De hecho, es el nuevo estándar en comunicaciones modernas. Ya no se lleva “te mando un mensaje”, o te “escribo un mail”: ahora te dirán “te mando un güasap”.

Whatsapp nació en Blackberry como un cliente de mensajería instantánea. Se convirtió en “la forma natural de comunicarse” entre usuarios de Blackberry – y el resto del mundo lo quería. Whatsapp ha dado un par de años de vida a una exhausta RIM, que ve como el lanzamiento de su nuevo sistema operativo (Blackberry OS 10) se retrasa mes a mes. Mientras tanto, chavales de 13 años querían una Blackberry!! RIM no estaba preparada para ese cambio en su clientela.

Ahora Whatsapp está disponible en todas las plataformas, y sus usuarios de Blackberry están viendo como cualquier móvil Android es “más mono” y “hace más cosas” que la que hasta ahora consideraban la única forma de comunicarse. Se están marchando en estampida, y RIM no sabe cómo sujetarles. De nada sirve recordarles que “también tienen correo electrónico”: los chavales tienen sus cuentas de Live (“aka” Hotmail) y GMail, perfectamente accesibles desde cualquier dispositivo móvil o desde cualquier PC conectado a Internet. RIM ya no tiene nada que les interese.

Mientras tanto, Android vive dulces momentos. Casi diría que nadie se podría haber esperado un éxito como el que disfruta el sistema operativo de Google. La versión 4.0 de Android (“Ice Cream Sandwich” o “ICS” para abreviar) es una realidad y ya hay noticias de una próxima versión 5.0 “Jelly bean” (“gominola”). Y debo decir que, tras montar un ICS “alien” en mi querido Galaxy S (si, si… un “S” normalito) debo decir que es el primer Android que realmente me gusta. La fluidez del interface gráfico (y ojo que estoy hablando de un móvil con un sólo núcleo y 384MB de memoria) es simplemente de lo mejorcito del mercado. Y el “lenguaje visual” que se ha diseñado para esta versión (“Roboto”) y que creo que ha intentado beber de la fuentes de “Metro” es todo un acierto para crear una experiencia de usuario totalmente consistente.

El problema entonces cual es? Bueno, pues el problema es que aunque Android ICS sea una realidad desde hace seis meses, nadie lo sabe. O por lo menos, nadie puede poner sus manos sobre él. Lo cual, a mi modo de ver, debería ser casi delito – ICS es escandalosamente mejor que cualquier versión de Android hasta la fecha.

Visitad simplemente la página “Platform Versions” del portal de desarrolladores de Google. En esta página Google da un resumen de la actual distribución de versiones de su sistema operativo, para ayudar a los desarrolladores escoger el “API set” adecuado para sus nuevas creaciones. Seréis recibidos con el siguiente gráfico (obtenido a fecha de abril de 2012):

android-chart-apr-12El mundo sigue usando Gingerbread

Por mucho que Google nos cuente una cosa, el mundo dice otra: sigue funcionando con Gingerbread con casi el 64% de la unidades en funcionamiento usándolo, mientras que otro 23% sigue atado a Froyo. Eso es un impresionante 87% de usuarios viviendo en Android 2.x. Mientras tanto, la “cuota de mercado” de ICS, sumando todas sus versiones (4.0.0 – 4.0.3) no llega al 3%. Entonces, amigo desarrollador: para qué versión de Android escribirías tus programas? Exacto.

ICS tiene nuevos APIs que permiten desarrollar (por ejemplo) interfaces de usuario totalmente acelerados por hardware, de una calidad desconocida hasta ahora en la plataforma. El problema es que si quiero vender mis aplicaciones a alguien no puedo usarlos, y debo escribir software para Android 2.2-2.3. Y si nadie escribe software para ICS, nadie tiene la necesidad de cambiar a ICS.

Otro factor que está ralentizando la adopción de ICS es el coste de su implementación. Hasta ahora para obtener un dispositivo Android te ibas al branch de tu elección, lo bajabas, lo customizabas un poquito, lo compilabas y se lo “enchufabas” de mala manera al hierro que te apeteciese. Con ICS ya no es así: al estar basado el interface de usuario (y gran parte de los subsistemas) en estricta aceleración hardware completa, ya no basta con “compilar y correr”. Hay que hacer un tremendo desarrollo por parte del OEM para “acelerar” todas las características del producto y que Android las aproveche. Simplemente recompilar un “driver de referencia por software” ya no basta, y en la mayoría de los casos será la receta perfecta para un trasto inutilizable. De repente, fabricar dispositivos con Android ya no es tan “fácil y económico”.

Y si recordáis mi post de hace bastante tiempo acerca de lo penoso que es desarrollar software para versiones “modernas” de Android gracias a su penoso emulador, imaginad ahora, con un UI infinitamente más sofisticado y con infinitamente más requerimientos de la plataforma.

Esto empieza a recordarme la agonía de Windows Mobile, cuando Microsoft no hacía más que pedir a los OEMs y desarrolladores “olvidad GAPI, pasaos a DirectX”, para ver como ninguno (excepto HTC en algún caso concreto) se permitió gastar ni un euro en los carísimos drivers que hacían falta para la transición de interfaces de usuario modernos. Más vale que Google empiece a desarrollar y distribuir los drivers “ya optimizados” de fábrica. Si no, ICS tendrá un duro camino por delante. Microsoft tuvo que hacerlo con su WIndows Phone, y es por eso que su gama de procesadores es tan “escueta”.

Y ya que estamos con Windows Phone, parece que todo el mundo habla bien de la plataforma, pero no la usa ni el tato… ¿Qué podemos esperar del futuro inmediato de esta plataforma? Microsoft pone a disposición de todo el mundo que quiera probarlo su nuevo y flamante Windows 8, pero no ha dicho ni una sola palabra acerca de su versión para dispositivos móviles “Apollo” o WIndows Phone 8. Quizá aprendieron de sus errores al anunciar con tanta antelación nuevas características de Windows Phone 7.5 (Mango) y que fueron adoptadas por casi todos los fabricantes antes del lanzamiento – cuando llegaron al mercado, ya no eran “novedad”. Ahora quieren sorprender, pero eso puede significar que cuando por fin aparezca Windows Phone 8 no haya software específico para él – la única salvedad es que ya han anunciado que correrá todo el software existente para la versión 7. Algo es algo.

Microsoft se está jugando mucho (o quizá “todo”) en un nuevo concepto, llevado al extremo: Metro. Sólo el tiempo podrá decir si han acertado o no. Lo único con lo que cuentan es con la masiva base instalada de sus sistemas operativos de escritorio, pero si cuando llegue Windows 8 con su nuevo interface de usuario orientado a las pantallas táctiles no cuaja, podemos encontrarnos con otro fiasco como fue en su día Windows Vista. Eso sí, toda esta nueva tecnología está dando un tremendo empujón al desarrollo hardware y los nuevos “ultrabooks” que están apareciendo, a cual más ligero, más “plano” y más “bonito”. Y lo más probable es que el año que viene cualquier nuevo portátil que se lance al mercado incluirá una pantalla táctil.

Si esto no funciona, si la gente no acepta el cambio de nuestro clásico menú de inicio a las nuevas “tiles” diseñadas para ser “tocadas”, puede que Microsoft acabe con otro “Vista” entre manos. En mi experiencia con WIndows 8 debo decir que sólo tiene sentido realmente cuando lo acompañas de una pantalla táctil.

Mientras tanto, más y más gente da el salto a la “otra plataforma unificada”: MacOS e iOS. Creo que la palabra que mejor lo define es “experiencia sin complicaciones”: simplemente lo enciendes y lo usas. Cada vez veo más gente que me recuerda lo “mejor que es” su Mac frente a mi PC, que “cómo no he cambiado a Mac”, que “Mac es infinitamente mejor”. Es curioso que me digan eso, cuando la mitad de mi trabajo la realizo sobre un iMac de 27 pulgadas (y su gloriosa pantalla IPS), un iPhone y varios iPads, y que desarrollo aplicaciones para iOS… Admito que cuando me dicen esas cosas es divertido… a ratos.

Desde que Steve se nos fue, tengo la sensación que la innovación en Cupertino se ha ralentizado. El lanzamiento del iPhone 4s para mí fue “tengo que sacar algo” y ya está, siendo Siri el único elemento verdaderamente significativo. Ahora el Nuevo iPad (o iPad 3) es más de lo mismo, simplemente con una nueva pantalla Retina (que aún no he tenido la posibilidad de ver en directo, debo admitir). Porque el otro gran cambio, la inclusión de una radio LTE, sólo es de utilidad si estás en Estados Unidos… y vives en una gran zona metropolitana con cobertura LTE. Nosotros en Europa “sólo” disponemos de 3G HSPA… pero por lo menos, en casi todas partes!

Mientras tanto, el procesador sigue siendo más o menos el mismo doble núcleo ya conocido del iPad 2, pero han montado una GPU de cuádruple núcleo para mover la masiva cantidad de píxeles que incluye la nueva pantalla. También han incrementado la memoria del sistema, aunque algo me dice que toda esa RAM extra hace falta para mantener los masivos gráficos necesarios para las nuevas aplicaciones.

Pero ahí termina la innovación a mi modo de ver. Apple incluye una nueva y fantástica pantalla, y el resto de las noticias son las nuevas versiones de software que la aprovechan. Ya está? Eso es todo? Ojo, que no estoy diciendo que el nuevo iPad sea “malo” – al contrario. Solo digo que está por debajo de los estándares de Apple. O de los estándares a los que Steve nos tenía acostumbrados. No es “nuevo y escandaloso”, sólo es un “más y mejor”. Este año sí toca iPhone 5 y traca.

Donde sí veo más evolución es a nivel del desarrollo de MacOS. Apple está apostando por la “iPadización” de su sistema operativo de escritorio, pero sin el énfasis en el interface de usuario táctil de Microsoft. En ese aspecto, ambas compañías comparten una visión similar, aunque con profundas diferencias en la implementación. No creo que gane una o la otra. Creo simplemente que marcarán dos nuevas formas de trabajo, y los usuarios escogeremos la que más nos guste y con la que más cómodos nos sintamos. De momento, tiene todas las de ganar Apple: tiene una fiel base instalada, y cada día más usuarios de iPhone están dando el salto de Windows a Mac. Microsoft en cambio no goza de esa fidelidad, así que tiene que volcarse “más”. En unos meses sabremos cómo va la cosa.